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“A la Memoire de J. M. Jacquard” Based on a portrait painted by Claude Bonnefont and woven by Michel Marie Carquillat in Didier Petit et Cie.'s workshop. Lyon, 1839. Source: Wikipedia

La Historia de 120 Años de Nuestras Telas de Colchones

J.M. Jacquard, (1752 - 1834) mecánico tejedor de Lyon, desarrolla las ideas de sus contemporáneos (Falcon, Bouchon y Vancanson) y las combina creando un telar que tejía telas adamascadas siendo manipulado solo por un hombre. Antes de este invento se necesitaba la presencia de varias personas para hacer el mismo trabajo. Su telar fue presentado en la Exposición de París de 1801. Aunque este telar fue quemado en Lyon por los tejedores (les “canuts”) que temían perder puestos de trabajo, la realidad es que el sistema empleado, a base de tarjetas perforadas, no solo significó un gran avance en la industria textil, sino también sirvió de base para otros inventos como el fax o los ordenadores. El invento fue muy bien acogido por el gobierno francés que premió a Jacquard con el título de la Legión de Honor y le asignó una cantidad por cada telar fabricado. En 1812 había ya en Francia más de 11,000 telares. Con el telar Jacquard se pudo tejer grandes cantidades de telas con vistosos colores a la moda como los antiguos brocados y no solo con seda sino con algodón y otras fibras.

Igualada, Sabadell, Manresa, Barcelona, una amplia zona donde la industria textil fue siempre un motor de vida. Primero fueron telares e hilaturas manuales, luego movidos por la fuerza de los ríos y más tarde por la energía del carbón. Cuando hacia 1880 en Igualada no hay ni fuerza hidráulica ni carbón y mientras que en otras ciudades se empiezan a especializar en sederías, lana o cáñamo y lino, Igualada apuesta por la novedad de las máquinas Jacquard. Así, antes que terminara el siglo XIX, empieza la historia de nuestras preciosas telas adamascadas usadas para confeccionar fundas de colchón.

En 1894 la empresa Ca l´Ortinez incorpora 9 telares especializándose en adamascados. Más adelante, en 1903, esta empresa y otras de Igualada cuentan con unos 60 telares. Esta zona continúa especializándose en los adamascados, así en Igualada hacia 1932 había más de 200 telares que produjeron millones de metros de estos tejidos hasta que cerró la última fábrica en los años 1980.

"Design for Damask Fabrics to be Executed on a Jacquard Loom, with Compound Harness Attached". THE JACQUARD MACHINE, E. A. POSSELT (1888), Archive.org

El proceso de fabricación de estas telas era complejo: primero los dibujantes hacían desde bosquejos a láminas coloreadas, base de los patrones que luego aparecerán en las telas. Más tarde el diseñador pasa esos dibujos a esquemas en los que aparecen los diferentes puntos que se usarán en los telares, la “posta en carta”, después estos esquemas se transforman en picados perforados en las tarjetas que guiarán una especie de agujas que subirán los hilos de la urdimbre. Un sistema complejo que requería una serie de especialistas, pero que, por contra, conseguía tejer enorme cantidad de metros de tejido.

En Igualada y su comarca no todas las empresas tenían telares jacquard. Así que muchos pensaron ¿Cómo hacer telas que compitieran con los magníficos adamascados? Encontraron la solución usando el color y el tipo de tejido. Como tejido usaron sarga y twill, resistentes y moldeables, jugando con rayas de diferentes anchos y colorido. Haciendo combinaciones arriesgadas, vibrantes, alegres o serias y “clásicas” A este tipo de tejidos se les denominó Cutíes, del francés Coutil.

Dominica la colchonera de Getxo. Fuente: MEMORIAS DE GETXO

Matalasser treballant al mig d'un carrer de Girona. Joan Comalat. Fuente: INSPAI

Jaume Alavedra. El matalasser, un ofici perdut. Joana Llordella. Fuente: setsetset.cat

Los colchones eran hechos por colchoneros o colchoneras a la demanda, la mayoría de las veces en la casa de los demandantes o en la propia calle, en un lugar próximo. Los colchoneros cardaban la lana para que estuviese esponjosa y la colocaban extendiéndola sobre una base de las telas, luego colocaban otra tela por encima e iban cosiendo los bordes hasta cerrar aquel enorme cojín, luego marcan las esquinas con nuevos pespuntes apretados para finalmente sujetar la lana pasando una cinta de un lado al otro (por los agujeritos ad hoc y cerrando con una lazada apretada. De este modo la lana quedaba asegurada.

Periódicamente la lana había que limpiarla, varearla para sacarle el polvo y de nuevo cardarla para recomponer el colchón en la misma tela tras el lavado. Así los colchones han podido llegar hasta nosotros después de casi 100 años.